Alfonso: «Lo importante es que cada persona esté en el lugar en el que quiere estar»

Dieciséis años después de su llegada a PRONISA Plena Inclusión Ávila, Alfonso tiene claro que el objetivo del trabajo social no es simplemente gestionar recursos, sino conseguir que cada persona encuentre el lugar en el que pueda desarrollar su proyecto de vida. Desde su puesto como trabajador social acompaña a las familias, las orienta en el complejo entramado de servicios y prestaciones y defiende una atención basada en las necesidades, las preferencias y el bienestar de cada persona.

Cuando Alfonso llegó a PRONISA, allá por octubre de 2010, no imaginaba que el ámbito de la discapacidad acabaría convirtiéndose en el marco de su trayectoria profesional. Era abulense, conocía la entidad por referencias y por la popular Marcha de PRONISA, pero reconoce que su conocimiento de la organización era entonces muy superficial. “Si no hubiera trabajado aquí, seguramente seguiría teniendo el mismo desconocimiento”, admite.

Había estudiado Trabajo Social en Salamanca y estaba empezando a abrirse camino en el mundo laboral cuando surgió la oportunidad de un trabajo en PRONISA. Trabajaba en la ciudad salmantina y tenía posibilidades de continuar allí, además de estar cursando formación en interpretación de lengua de signos. Sin embargo, decidió regresar a Ávila y aceptar un puesto de trabajador social a media jornada en PRONISA. Una decisión que, dieciséis años después, se ha convertido en unos de los grandes aciertos de su vida profesional.

Durante sus primeros años compartió el departamento de Trabajo Social con Nuria, con quien atendía a las personas usuarias y sus familias. La jornada parcial le permitió compaginar su trabajo en la entidad con otras ocupaciones: fue cartero, cocinero y repartidor, además de cubrir temporalmente una baja como trabajador social en otro recurso de atención.

Su situación cambió en noviembre de 2022, cuando Nuria asumió la dirección de los centros de PRONISA y Alfonso pasó a trabajar a jornada completa asumiendo la gestión de todas las personas en la entidad. Desde entonces, es el responsable del departamento de Trabajo Social y el principal interlocutor para buena parte de las familias.

El puente entre las familias y la entidad

Su labor cotidiana va mucho más allá de la gestión administrativa. Alfonso es el profesional al que acuden las familias cuando necesitan resolver dudas, conocer los servicios disponibles, recibir información o encontrar orientación ante una situación determinada. También canaliza las comunicaciones que llegan desde Plena Inclusión Castilla y León y atiende a quienes se acercan a PRONISA para conocer sus recursos.

“Mi función principal es el contacto directo con todas las familias de las personas usuarias. Mi trabajo consiste en escuchar, ordenar las demandas y trasladarlas a los profesionales correspondientes cuando es necesario. En otras ocasiones, debo explicar procedimientos, informar sobre las alternativas existentes o ayudar a las familias a comprender qué opciones tienen a su alcance”.

Es una responsabilidad que presenta ritmos muy diferentes. Hay periodos relativamente tranquilos en los que predominan las consultas y el seguimiento habitual, y otros en los que se acumulan las gestiones, especialmente cuando toca revisar cuestiones económicas y administrativas relacionadas con las plazas. «Es un trabajo muy de picos, que combina periodos de calma relativa y otros con puntas de trabajo muy acusadas», resume. Aunque considera que una sola persona puede asumir las funciones del departamento, reconoce que los momentos de mayor actividad no estaría nada mal apoyo adicional.

Una parte importante de ese trabajo consiste en orientar a las familias en el acceso a los servicios y en los mecanismos que permiten financiarlos. En PRONISA conviven plazas concertadas y privadas, dos modalidades que presentan diferencias relevantes tanto en el procedimiento de acceso como en la forma de asumir los costes. En las plazas concertadas, la Administración asigna el recurso y establece la aportación económica de la persona en función de su capacidad económica; en las privadas, la persona puede elegir el centro al que desea acudir y, si reúne los requisitos, solicitar una prestación económica vinculada al servicio.

Para Alfonso, esta segunda modalidad pone sobre la mesa una cuestión fundamental: la capacidad de elección. «Es lógico y humano que puedas elegir el recurso al que quieres ir, en lugar de que te lo impongan. La posibilidad de decidir dónde recibir los apoyos puede resultar determinante para una persona y su familia, aunque el acceso también dependa de la disponibilidad de plazas y de los recursos económicos”, apunta.

Además, es necesario distinguir entre los servicios de centro de día y los residenciales, que pueden constituir prestaciones diferentes. Cuando una persona necesita ambos, el coste conjunto puede alcanzar cantidades difíciles de asumir con una pensión o unos ingresos limitados. Por eso, las ayudas públicas y los apoyos económicos de las propias entidades desempeñan un papel esencial. En este terreno, Alfonso recuerda y pone en valor las veces que una entidad como PRONISA ha tenido que ayudar a algunas personas que no podían afrontar el coste de los servicios tras determinados cambios en los modelos de financiación. “Detrás de las cifras hay una realidad que no puede perderse de vista: las necesidades de apoyo no desaparecen porque una familia carezca de recursos suficientes para pagarlas”.

La persona, por encima de la plaza

Si hay una idea que atraviesa su manera de entender el trabajo social es que no todas las personas necesitan lo mismo ni todos los recursos sirven para todos los perfiles. PRONISA es una entidad de referencia en Ávila y mantiene una ocupación habitualmente elevada, pero Alfonso no interpreta la existencia de otras asociaciones especializadas como una amenaza.

Al contrario, considera que la diversidad de entidades permite ofrecer respuestas más ajustadas a las necesidades individuales. PRONISA mantiene una comunicación continuada con otras organizaciones del ecosistema del tercer sector, y Alfonso defiende que la colaboración debe prevalecer sobre cualquier lógica de competencia.

«Lo principal es que la persona esté en el sitio en el que quiere estar. Por eso, cuando una familia solicita información y considero que otra entidad puede responder mejor a las necesidades de su familiar, no dudo en recomendar que conozcan también esa alternativa”.

Su planteamiento parte de una convicción sencilla, pero fundamental: las personas con discapacidad tienen los mismos derechos y aspiraciones que cualquier otra persona. Quieren (y deben) decidir cómo vivir, con quién relacionarse, qué proyectos desarrollar y qué entorno les hace sentirse bien. La atención profesional debe contribuir a que puedan hacerlo, no limitarse a ser solo una plaza disponible.

«No tendría sentido que alguien estuviera aquí si no está a gusto o si no se adapta. El objetivo no es que la persona encaje a toda costa en un recurso, sino que el recurso responda a sus necesidades y expectativas. De ahí la importancia del acompañamiento durante los primeros meses, un periodo decisivo para valorar la adaptación y comprobar que el servicio es adecuado, que todo funciona y que se está respondiendo a la necesidad de cada persona”, defiende.

Esta perspectiva también ayuda a comprender por qué Alfonso considera tan importante el trabajo en equipo. La coordinación entre profesionales permite compartir puntos de vista, abordar situaciones complejas y ofrecer respuestas más coherentes. Precisamente, cuando se le pregunta por lo que más valora de su trabajo, destaca el ambiente laboral y la relación con el equipo técnico.

 

 

El desgaste de acompañar y la importancia de seguir adelante

No todo resulta sencillo. El contacto continuado con las familias implica afrontar situaciones muy distintas y gestionar relaciones que, en ocasiones, pueden resultar difíciles. Alfonso reconoce que algunas experiencias consumen mucha energía y que existe una tendencia humana a recordar más los problemas que las numerosas situaciones satisfactorias del día a día.

«Puedes tener una relación muy buena con muchas familias, pero aparece una situación difícil y acabas dándole vueltas durante más tiempo del que te gustaría», reconoce. “Aprender a gestionar esa carga emocional forma parte del trabajo. Es necesario relativizar los conflictos, apoyarse en los compañeros y evitar que las experiencias más complicadas condicionen la relación con el resto de las familias. La responsabilidad profesional exige mantener la misma disposición y voluntad de ayuda, independientemente de las dificultades que puedan surgir”.

A ese desgaste se suman unas condiciones laborales que, a su juicio, deberían mejorar. Alfonso considera que los salarios del sector social no siempre reflejan las exigencias de una actividad que requiere responsabilidad, implicación y capacidad para gestionar situaciones complejas. «El coste de la vida sube, pero los sueldos no siempre evolucionan al mismo ritmo». Una reflexión que cada vez pertenece a más gente.

Pese a esas dificultades, el balance de su trayectoria es positivo. El trabajo en equipo y la posibilidad de contribuir al bienestar de las personas son dos de los aspectos que más valora de su profesión.

Tecnología para acercar, no para alejar

La transformación digital también ha cambiado la relación de PRONISA con las familias. El correo electrónico, el teléfono y las videollamadas permiten mantener un contacto más inmediato y resolver numerosas cuestiones sin necesidad de desplazamientos.

Alfonso considera que estas herramientas son fundamentales. Reconoce que la comunicación digital puede resultar más fría que una conversación presencial, pero cree que sus ventajas compensan esa limitación, especialmente cuando las familias viven lejos o necesitan realizar consultas frecuentes.

No considera que la tecnología haya eliminado la necesidad del trato directo. Las familias siguen teniendo la posibilidad de acudir a la entidad y reunirse con él cuando lo necesitan. Lo importante es organizar esos encuentros para garantizar que pueda atenderlas con el tiempo y la dedicación necesarios.

En este sentido, recomienda concertar las visitas con antelación, sobre todo porque muchas personas se desplazan desde otros lugares y pueden encontrarse con que el profesional está atendiendo otra consulta. La tecnología, bien utilizada, permite precisamente mejorar esa organización y facilitar el acompañamiento.

También está cambiando el papel de las familias en la atención a las personas con discapacidad. Alfonso observa que, en algunos casos, los hermanos van asumiendo progresivamente más responsabilidades cuando los padres ya no están o cuando, por edad o circunstancias personales, dejan de poder ocuparse de determinadas gestiones. Una evolución que obliga a mantener el diálogo con las distintas personas que forman parte de la red de apoyo familiar.

Dieciséis años después, la misma prioridad

Alfonso llegó a PRONISA buscando una oportunidad laboral y encontró una profesión que le ha permitido conocer de cerca las necesidades de las personas con discapacidad, el papel de sus familias y la complejidad de los apoyos que hacen posible una vida autónoma y plena.

Su experiencia le ha enseñado que detrás de cada expediente hay una historia particular y que las respuestas no pueden ser idénticas para todo el mundo. La gestión de plazas, las prestaciones económicas y los procedimientos administrativos son necesarios, pero no constituyen el fin último de su trabajo.

Lo esencial sigue siendo que cada persona encuentre el recurso que mejor responda a sus necesidades, que reciba los apoyos adecuados y que pueda sentirse parte de su entorno. Una idea que Alfonso resume con claridad y que, después de dieciséis años, continúa guiando su manera de entender el trabajo social: «Queremos que las personas estén bien».

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