Lleva 19 años trabajando en PRONISA. Ha visto cambiar la entidad, crecer sus servicios y, sobre todo, ha vivido su propia transformación. Hoy Felipe García de Blas habla de discapacidad, autonomía, trabajo, diversidad y de un nombre que cada vez siente más suyo: Aura (un nombre que será el que usemos de ahora en adelante en este artículo).
Cuando Aura llegó a PRONISA en 2007, lo hizo con los mismos prejuicios con los que buena parte de la sociedad se acercaba (y todavía se acerca bajo su punto de vista) al mundo de la discapacidad. «En mi caso, hasta que no conocí el mundo de la discapacidad, no sabía lo que me iba a encontrar», recuerda.
Ella misma reconoce que tenía una imagen muy diferente de la realidad. Pensaba en una persona con discapacidad y la asociaba a alguien que no podía hacer nada, a alguien prácticamente “inoperativo”. Sin embargo, llegar a PRONISA Plena Inclusión Ávila cambió su percepción. “Luego te das cuenta de que no es así. Hay personas con discapacidad que te enseñan más cosas que una persona sin discapacidad. Eso lo tengo clarísimo”, reconoce mientras apela a una de las enseñanzas que más valora de sus años en la entidad.
DIECINUEVE AÑOS DE UNA VIDA
La llegada de Aura a PRONISA estuvo muy vinculada a Begoña Garzón, entonces usuaria de la entidad y posteriormente trabajadora. Aura había perdido a sus padres y a uno de sus hermanos y, a través de amigos y personas conocidas, comenzó a buscar alternativas. Aquel camino terminó llevándola hasta PRONISA. Pero no entró como usuario. Entró directamente como trabajador.
Su primer puesto fue el de ordenanza, encargándose de tareas como el reparto y la recepción del correo, la atención de visitas o diferentes gestiones necesarias para que el centro funcione con eficacia cada día. Con el tiempo, aquella categoría profesional desapareció y pasó a ser auxiliar de servicios, que aunque sigue entrañando muchas funciones similares sí incopora nuevas responsabilidades. ”Yo llevo aquí 19 años, desde 2007. Durante ese tiempo he visto llegar y marcharse a trabajadores, he conocido a numerosas personas usuarias y también he vivido la pérdida de personas que dejaron huella en mi. Todo al final son experiencias, historias pequeñas que, después de tantos años, forman parte de mi propia historia”.

PRONISA Y SU TRANSFORMACIÓN
Aura también ha sido testigo de la transformación de PRONISA. Cuando llegó, recuerda, la entidad era mucho más pequeña. «La PRONISA que yo conocí hace 20 años, cuando llegué, era una familia que se ayudaba entre todos».
Desde entonces han aparecido nuevos servicios, viviendas y proyectos. La organización ha crecido y se ha adaptado a los nuevos tiempos. Aura no añora necesariamente una época frente a otra pero sí reconocen que también la PRONISA de antes tenía una magia especial.
Pero si hay algo que le preocupa son las instalaciones.”Al centro hay que meterle mano, como sea. El edificio necesita una renovación”, afirma. Considera que, aunque se han realizado mejoras y se han creado nuevos espacios, el edificio necesita una renovación progresiva. No plantea grandes transformaciones de golpe, sino ir actuando poco a poco: puertas, pintura, baños, camas, armarios…“Renovarse o morir”, resume sonriendo.
Su mirada sobre PRONISA también tiene que ver con el futuro. Le gustaría que la plantilla fuera más estable porque sabe, por experiencia, que los cambios constantes afectan a las personas usuarias. «Me imagino que para las personas usuarias no es fácil tener a alguien cuidándole y que a los seis meses se vaya. Sí luego viene otra persona, pero cómo van a saber ellos cómo va a ser esa nueva persona”.
Y hay algo más que reivindica: que PRONISA continúe ocupando ese papel de entidad pionera que ella recuerda desde niño. “PRONISA siempre ha ido abriendo camino”, afirma.
SU PROPIO PROYECTO DE VIDA
Fuera del trabajo, Aura ha construido también una vida autónoma. Vive en una habitación alquilada con otras dos personas, tiene su sueldo, sus aficiones y participa en diferentes actividades, entre ellas su voluntariado con Protección Civil o su idilio con el mundo de la pirotecnia, algo casi natural debido a su intensa relación con el barrio de Las Vacas, donde ha vivido toda su vida y donde se siente muy querida y apreciada.
Este arraigo explica también parte de su personalidad. Aura es una persona que se mueve, participa, conoce gente y se implica mientras sigue construyendo una vida desde la autonomía y desde la necesidad, aprendida desde pequeño, de buscarse sus propias oportunidades.
De niño, junto a su hermano, recogía cartón y chatarra para conseguir algún dinero. “Si se nos antojaba una televisión, no se trataba simplemente de pedírla en casa porque la respuesta sabíamos cuál iba a ser: búscate la vida. Así que desde pequeño he aprendido a buscarme la vida”.
UNA SOCIEDAD QUE NO TERMINA DE ADAPTARSE
Para Aura, el cambio social respecto a la discapacidad ha sido real, pero insuficiente. Considera que todavía persisten muchos de los prejuicios de antes, especialmente cuando se trata a las personas con discapacidad intelectual como si fueran niños. “Quizá esa persona quiera transmitirte otra cosa, decirte que es una persona adulta y que entiende perfectamente lo que le estás diciendo”. Su propia experiencia le ha demostrado que los estereotipos desaparecen cuando existe convivencia y conocimiento.
Y esa misma idea es la que, de alguna manera, atraviesa ahora otra parte fundamental de su vida.

FELIPE Y AURA, UN PROCESO DE CONVIVENCIA QUE AVANZA POCO A POCO
Hace años que Felipe comenzó a hacerse preguntas sobre su identidad. Durante mucho tiempo guardó esas inquietudes para sí mismo, condicionado, reconoce, por «el qué dirán» y por una sociedad que todavía considera demasiado conservadora.
Con el tiempo comenzó a hablar de ello con personas de confianza. Una de ellas fue Lucía de Jesús, compañera y trabajadora de PRONISA con quien mantiene una relación cercana y a quien decidió contarle lo que estaba viviendo. Porque a Aura le costaba enfrentarse a determinadas situaciones y que hablar delante de un grupo de los que sentía podía ponerle nervioso. Y Lucía fue la persona dentro de la Asociación que le ayudó a trasladar la cuestión al resto del equipo.
Después de aquella conversación llegó una respuesta que para él fue importante: “Han dicho todos que perfecto y todo. Que no hay problema y que puedes estar tranquila, Aura”.
Un respaldo que la ha permitido avanzar con mayor tranquilidad y convivir con su proceso con mayor paz interna. Ahora hay un nombre que siente cada vez más cercano: Aura.
“A mí me gustaría que me vieran como Aura”, afirma, pero inmediatamente introduce un matiz que considera importante: “Pero no tengo prisa. Es un proceso muy largo, mis compañeros me conocen desde hace años como Felipe y cambiar esa percepción requiere tiempo.Tienes que educarles un poco, tienes que ir poco a poco”.
No lo vive como una carrera ni como una obligación. Su proceso tampoco responde a una necesidad de encajar rápidamente en una etiqueta. Se trata, más bien, de ir descubriendo cómo quiere ser reconocida y cómo quiere mostrarse ante los demás.
EL VALOR DE SENTIRSE RESPETADA
Si hay una certeza que sí tiene Aura es que en su entorno laboral se ha sentido siempre respetada. “Yo no he tenido ningún problema nunca, no he recibido una palabra despectiva desde que comencé a compartir esta parte de su vida con mis compañeros”. Y en ese sentido recuerda especialmente a Lucía, pero también extiende ese reconocimiento al conjunto del personal.
Para Felipe, ese apoyo no es algo nuevo. A lo largo de sus años en PRONISA ha recibido ayuda también en otros momentos difíciles. Recuerda, por ejemplo, las ocasiones en las que ha sufrido crisis epilépticas y cómo desde la entidad le han ayudado.
Es esa suma de experiencias la que explica su relación con la organización. No es simplemente el lugar donde trabaja desde hace 19 años. Es también el lugar en el que ha atravesado buena parte de su vida adulta.
UN ORGULLO QUE TAMBIÉN QUIERE CELEBRAR
Cuando Aura habla del colectivo LGTBI y de la celebración del Orgullo, lo tiene claro: está a favor. “En Ávila todavía se vive de una manera diferente a otras ciudades. Estamos muy atrasados en cualquier tema, pero en este tipo de materias se nota especialmente”, apunta.
Para Aura la clave está en el tamaño y en la propia idiosincrasia de la ciudad. “Ávila es un pueblo”, dice, con una expresión que utiliza para explicar la cercanía, y también el peso de las miradas ajenas que existe en una ciudad pequeña.
Pero eso no significa que renuncie a la celebración. Al contrario. Para Aura, el Orgullo puede ser simplemente «un día de fiesta», una jornada más para reivindicar y celebrar la diversidad, del mismo modo que existen otras fechas dedicadas a diferentes causas sociales.
MIRAR HACIA ADELANTE
A Aura todavía le quedan cosas por hacer. En PRONISA se ve dentro de unos años, aunque le gustaría asumir nuevas responsabilidades. Le atrae especialmente el trabajo administrativo, aunque sabe que para acceder a determinados puestos necesitaría unos estudios que no tiene.
No parece, sin embargo, alguien acostumbrado a quedarse esperando. Desde que era niño aprendió a buscarse la vida. Después llegó PRONISA. Después llegaron 19 años de experiencias, responsabilidades y personas que dejaron huella.
Y ahora está Aura. Un nombre que todavía está encontrando su sitio, pero que ya forma parte de un proceso personal que ella afronta sin prisas, pero también sin esconderse. Porque Aura es una persona que lleva casi dos décadas abriendo camino en su trabajo y que ahora también está aprendiendo, paso a paso, a abrirse camino hacia sí misma.