EL COCINERO QUE QUIERE SER FUTBOLISTA: LA ESCALA EN EL VIAJE VITAL DE OUSMANE

Cuando Ousmane llegó a España tenía apenas catorce años y una idea fija en la cabeza: jugar al fútbol. Había dejado atrás la República de Guinea junto a un primo que hizo de hermano mayor (y casi padre) en un viaje muy complicado que terminaba en las Islas Canarias, punto de partida de un nuevo horizonte para armar una nueva vida en una Europa que le ofrece las oportunidades que en su país son solo sueños inalcanzables. Seis años después, aquel sueño sigue vivo y mucho más cercano, pero ahora comparte espacio con un uniforme de cocina, un contrato de trabajo, una discapacidad visual que no le ha impedido avanzar y unas ganas inquebrantables de seguir construyendo su futuro.

«La única cosa que tenía en la cabeza era jugar al fútbol. Y hasta ahora la sigo teniendo«, reconoce entre risas. Sin embargo, también admite que la vida le enseñó pronto la importancia de tener un plan alternativo. «Siempre tienes que tener un plan B. Si no sale lo que más te gusta, tienes que tener otra oportunidad», confiesa con una madurez sostenida por una mirada firme, sorprendente para los 20 años de Ousmane.

Su llegada a España comenzó en Las Palmas de Gran Canaria, donde inició un grado básico de Restauración y Gastronomía. Más tarde, se trasladó a Ávila para continuar sus estudios cursando un Grado Medio de Cocina y Gastronomía en el IES Jorge Santayana mientras trabaja como ayudante de cocina en PRONISA El cambio no fue sencillo. Tuvo que adaptarse a un nuevo entorno, repetir un curso y superar las dificultades derivadas de una discapacidad visual causada por una enfermedad poco frecuente, la retinoesquisis. «Me cuesta mucho leer durante mucho tiempo y la luz me molesta bastante«, explica. Porque Ousmane nunca habla de ello desde la queja. Lo explica con serenidad, como una circunstancia más de su vida, sin permitir que defina quién es

Esa discapacidad, reconocida con un 33 %, le abrió la puerta a una oportunidad laboral en PRONISA Plena Inclusión Ávila hace apenas unos meses. Su primer contrato laboral y su primer reto: renovarlo para poder seguir sus estudios con tranquilidad.

Los primeros pasos en el mundo laboral

La primera experiencia laboral (y quizá las que vienen detrás para muchos de nosotros) no siempre es lo que uno espera. Y así, la cocina que encontró Ousmane en PRONISA no era exactamente la que había imaginado durante sus estudios.

En su formación ha aprendido a elaborar platos, preparar postres o encargarse de diferentes partidas dentro de una cocina profesional. En cambio, en una cocina colectiva como la de PRONISA descubrió otra realidad, mucho más centrada en la organización, la logística y el trabajo en equipo.

«Esperaba cocinar más. Aquí hago muchas tareas de mantenimiento y apoyo; y aunque lo respeto y entiendo, ciertamente me gustaría desarrollar más lo que estoy aprendiendo. Quizá sea una cuestión de tiempo», apunta Ousmane sin frustración en sus palabras, pero sí con la inquietud lógica de alguien que quiere seguir creciendo profesionalmente. Porque para él estudiar cocina significa cocinar, experimentar y aprender cada día un poco más.

Mientras tanto, aprovecha cada jornada para aprender de quienes le rodean. Es el más joven del equipo y todos sus compañeros le doblan prácticamente la edad. Lejos de sentirse fuera de lugar, asegura que siempre ha encontrado apoyo: «Aquí soy como uno más. Todos me tratan muy bien y me enseñan cada día. En la cocina nadie recibe un trato diferente. Todos colaboran, todos trabajan y todos se ayudan cuando hace falta«.

Las mañanas son, sin duda, el momento más intenso de la jornada. Desayunos, preparación de comidas, limpieza, carros, vajilla… El ritmo apenas concede un respiro. «Por la mañana hay muchísimo trabajo. Es cuando más cuesta, sobre todo si faltan personas». Un apunte este último que realiza sonriendo y validando sin querer la importancia del trabajo en equipo.

 

 

Una gratificación inesperada

Lo que no estaba previsto para Ousmane es cómo le ha afectado su relación con las personas apoyadas por PRONISA. Muchos se acercan cada día a la cocina simplemente para saludar, otros quieren saber qué hay de menú, algunos bajan únicamente para conversar unos minutos con él…

Ousmane sonríe mientras recuerda a David, Sonia, Belén o Luque, nombres que pronuncia con el cariño reservado a quienes forman parte de la rutina diaria. «Son maravillosos. Algunos vienen solo a saludarnos o a decirnos que la comida estaba muy buena», confiesa de manera divertida.

«Hay que tratarlos como si fueran un hermano o alguien de tu familia. No somos diferentes, son personas como nosotros. Y yo les hago sentir como uno más porque yo los trato como uno más, algo que también hacen mis compañeros».

No habla desde la teoría, sino desde la experiencia cotidiana. Cree que la sociedad todavía tiene pendiente mirar a las personas con discapacidad con más empatía y menos prejuicios.

 

El futuro. La mirada siempre puesta en el futuro

Con 20 años, es natural. Y también imprescindible. Fuera del trabajo y de las clases, Ousmane mantiene intacta la otra gran pasión de su vida: El fútbol.

Llegó a jugar en categorías juveniles en República de Guinea, siguió entrenando en Canarias y, ya en Ávila, una lesión le obligó a detenerse durante un tiempo después de romperse una pierna. Hace poco volvió a operarse y ya ha retomado los entrenamientos. «Voy poco a poco fortaleciendo la pierna. Ya veremos lo que pasa en los próximos años».

No tiene prisa. Quizá porque la vida ya le ha enseñado que los caminos importantes nunca son rápidos.

 

El nuevo sueño por cumplir

En septiembre espera cumplir otro sueño, este mucho más íntimo: visitar República de Guinea. Hace seis años que no abraza a sus padres y habla de ese viaje con la ilusión contenida de quien ha esperado demasiado tiempo.

Quizá allí vuelva a encontrarse con el niño que un día decidió marcharse para perseguir un balón y quizá pueda dar y recibir el cariño necesario para seguir luchando por un sueño al que se le han ido sumando metas por el camino: terminar sus estudios, convertirse en un buen cocinero, renovar su contrato y seguir aprendiendo.

Ousmane todavía no sabe dónde acabará jugando el partido más importante de su vida. Lo que sí sabe es que nunca ha dejado de correr hacia él.

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