EL CUIDADO QUE SOSTIENE A LOS PUEBLOS: LAS GESTORAS DE CASO DE PRONISA QUE COORDINAN APOYOS EN DECENAS DE MUNICIPIOS DE ÁVILA

Un pequeño equipo de gestoras de caso y profesionales de asistencia personal coordina cada día apoyos en decenas de municipios de la provincia para que muchas personas puedan seguir viviendo en su casa. Entre carreteras, horarios imposibles y escasez de profesionales, sostienen una red de cuidados esencial y poco visible.

 

Sus nombres son Miriam Encinar, Carolina Blázquez, Begoña Alonso, Blanca Bieito, Marta Sáez, Mónica García y Zoraida Álvarez. Y todas tienen algo en común: son Gestoras de Caso y coordinan bajo la supervisión de Ángela San Román los servicios de atención personal que PRONISA Plena Inclusión Ávila presta en toda la provincia de Ávila. Una pieza fundamental para que PRONISA Plena Inclusión pueda prestar sus servicios en las zonas rurales, y las interlocutoras que tiene la entidad con los asistentes personales, que repartidos por la geografía abulense están en contacto directo con las personas que reciben nuestros cuidados y nuestra atención.

Madrigal, Arévalo, Piedrahíta, El Barco de Ávila y parte del Alto Gredos,  Cebreros, Navaluenga, El Tiemblo y parte del valle del Tiétar, además de Arenas de San Pedro, Candeleda y municipios de las Cinco Villas son algunas de las localidades y zonas que forman parte del trabajo diario de Miriam, Carolina, Begoña, Marta y Blanca. Junto a ellas, Zoraida, que gestiona a todos los abulenses adscritos a nuestro programa INTecum; y Mónica, que es una pieza clave en la búsqueda de asistentes personales.

Y así, divididas por regiones, ellas trabajan para que las personas con discapacidad, dependencia, o que escogen pasar el fin de sus días es sus casas, estén siempre atendidas. Cada una de ellas puede gestionar hasta 30 usuarios y organizar diariamente cuadrantes que garantizan la prestación de un servicio personalizado de calidad a más de 190 personas en decenas de pueblos de Ávila, muchos de ellos muy reducidos.

Todas ellas son el corazón de un engranaje de precisión que garantiza el funcionamiento de un programa que asegura una primera visita inicial en no más de 48 horas y un seguimiento constante y personalizado de cada persona usuaria.

 

Miriam, Carolina, Begoña, Marta, Blanca, Zoraida y Ángela. Un equipo unido por la vocación.

 

 

Cuidar en territorios donde todo está lejos

En algunos pueblos encontrar a alguien que pueda trabajar unas horas al día puede convertirse en un auténtico reto. “A veces tenemos usuarios en pueblos donde apenas hay gente. En alguno hay cuatro personas empadronadas”, explican desde el equipo.

La realidad del medio rural condiciona todo: los desplazamientos, los horarios y la disponibilidad de profesionales. Las distancias obligan a organizar cada apoyo con precisión y es habitual que un asistente personal deba recorrer varios pueblos para atender a diferentes usuarios.

 

Un trabajo que necesita vocación

Pero el reto más grande no siempre es la distancia. Muchas veces es encontrar a la persona adecuada. Ser asistente personal implica acompañar a alguien en su vida diaria: levantarse, acostarse, salir de casa, acudir a una cita médica o mantener cierta autonomía en el hogar.

Es un trabajo muy vocacional”, explican las profesionales. “No todo el mundo vale para esto. No pocas veces tenemos que ver cómo hay personas que se incorporan al equipo y en menos de una semana ya han abandonado”.

Otra de las grandes dificultades del medio rural, además, es que las jornadas suelen ser muy fragmentadas. Hay asistentes personales que trabajan solo una hora al día o pocas horas a la semana, lo que obliga a muchas personas a compaginarlo con otros empleos.

Aun así, quienes se quedan lo hacen por el impacto del trabajo. “Cuando ves que alguien puede seguir viviendo en su casa gracias al apoyo, entiendes que merece la pena”, apuntan.

 

La logística invisible del cuidado

Detrás de cada apoyo hay una enorme labor de organización. Cada gestora puede llegar a coordinar hasta 30 usuarios con necesidades distintas, y compaginar esta labor con una carga burocrática muy fuerte: coordinación horarios, sustituciones, incidencias, bajas laborales o cambios en los apoyos, además de formalizar los informes necesarios para cada administración pública, la realización de contratos o la facturación.

Solo en la primera hora de la mañana puedes tener quince personas que necesitan apoyo a la vez”, explican. “Nos levantamos y nos acostamos cuadrando horarios”. 

Sin duda una dedicación infatigable que exige una capacidad de organización muy elevada para que todas las personas sean escuchadas y atendidas.

 

Una red de cuidados que pocas veces se ve

Gran parte del trabajo que realizan estas profesionales ocurre lejos de focos y titulares, pero su impacto es profundo. Permite que muchas personas puedan seguir viviendo en su casa, en su pueblo y cerca de su entorno.

Un trabajo que se desarrolla en silencio, lejos de la mirada del ciudadano común, y que se lleva a cabo en los lugares donde los servicios escasean y donde la despoblación complica cada decisión. Una labor que no pierde de vista los lugares más pequeños del mapa y que posibilita que alguien, en cualquier pueblo de Ávila, pueda seguir viviendo en su casa.

En muchos de esos pueblos las calles son cortas, pero las distancias pueden ser enormes. Distancias hasta el hospital más cercano, hasta el centro de servicios sociales o hasta la persona que puede ayudar a levantarse por la mañana.

En medio de esa realidad trabajan estas profesionales, ajustando agendas, buscando personal, recorriendo carreteras secundarias y resolviendo problemas que a veces parecen imposibles.

Pasan los días, las semanas y los años. Pero desde PRONISA Plena Inclusión Ávila no nos olvidamos de estar siempre agradecidos a Ángela, todo su equipo de Gestoras de Caso y todos los asistentes personales que trabajan en la provincia de Ávila para cambiar la vida de muchas personas.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.